Cuántas veces nos ha pasado que al llegar a un restaurante, nos traen la carta de vinos y después de escoger uno, al abrirlo el camarero pregunta ¿lo dejamos respirar en la botella?
Esta es una costumbre errónea, la cantidad de oxígeno que llega al vino dejándolo en la botella es ocho o 10 veces inferior que al pasarlo a una copa, ya que la superficie de contacto con el oxigeno es mucho mayor en cualquier copa, por su diámetro, que por el cuello de una botella, y además si lo servimos en varias copas, pues este efecto se multiplica.
Si el mesero, además, le da el corcho para olerlo, usted puede ver si el corcho está húmedo o no, o si está en buen estado, si es de buena calidad, pero olerlo no nos da ninguna información, ya que si el vino tiene un problema de corcho o algún otro defecto se percibe al oler o probar el vino y no su corcho.
Hay otra costumbre sin duda más polémica, la de decantar o trasvasar un vino. En esta cuestión hay opiniones a favor y en contra, el punto está en si es bueno o no oxigenar violentamente un vino y esto dependerá de su edad.
Por costumbre, si el vino es viejo, y por lo tanto tiene pozo o residuos sólidos en el fondo de la botella, se decanta para separar estos sólidos al trasvasarlo a otro recipiente, esto se hace mirando a través del cristal de la botella mientras es alumbrado por una luz (comúnmente de una vela).
En los vinos jóvenes, el decantado se utiliza para oxigenar un vino y ayudarlo a evolucionar.
Así que sugiero que si el vino es viejo se utilice un decantador de boca estrecha, para separar los sólidos y no sobreoxigenar el vino, pues será mejor ver su evolución en la copa y no de golpe en la decantación, y si se trata de un vino joven, la oxigenación le viene bien por lo que se utiliza un decantador de boca ancha o donde la superficie de contacto con el oxigeno sea lo mayor posible.
Decantar o no decantar, esa es la cuestión. La decisión es suya.